Normalmente hacemos pasta y cuando lleva un rato ya hecha descubrimos que se ha pegado, el aspecto ya no es el mismo y resulta pesado comerla. En la ensalada de pasta con tomate fresco y albahaca os prometí que volvería para contaros cómo conseguir que la pasta no se pegue, por supuesto algo que aprendí de personas experimentadas en el tema, personas italianas. ¡Vamos allá!.En primer lugar ponemos agua a calentar y cuando esté hirviendo añadimos la pasta (averigua cuántos gramos de pasta por persona hacen falta), en esta ocasión utilizo spaghetti. Es importante el hecho de que el agua esté hirviendo porque sino la pasta pasará más tiempo de la cuenta en el agua y se ablandará demasiado. Normalmente el paquete de pasta contiene las indicaciones del fabricante, cosa que utilizo solo como guía. Para comprobar que la pasta está al dente prefiero coger un poco y probar. En el caso de los spaguetti tenemos un truco muy sencillo: Coge un spaghetti y lánzalo contra el azulejo de la cocina, si se pega significa que está al dente, si no lo está simplemente rebotará como si fuera una pelota de goma.

Conseguido ésto ya tienes tu pasta lista, solo te queda mezclarla con la salsa elegida ¡y disfrutar!. Es importante también que la salsa no sea líquida, que tenga cierta consistencia. La foto que pongo a continuación la hice por la noche, cuando preparé la cena. Después de hacer la foto mezclé todos los spaghetti con la salsa y lo que no comimos lo guardé en la nevera.

Lo mejor… Ya puedes preparar pasta la noche anterior y tenerla lista para el almuerzo o incluso llevártela en un tupper a cualquier parte.