Todo sobre las lentejas: beneficios y 8 recetas imprescindibles

  • Las lentejas son una legumbre milenaria, económica y muy versátil, básica en la dieta mediterránea y en muchas cocinas del mundo.
  • Aportan proteínas vegetales, fibra, hierro, ácido fólico, vitaminas B y minerales, ayudando a la salud muscular, digestiva y cardiovascular.
  • Su correcta combinación con cereales, verduras y vitamina C optimiza la calidad proteica y la absorción del hierro, convirtiéndolas en plato completo.
  • Admiten desde guisos tradicionales hasta ensaladas, currys, sopas y hamburguesas, con técnicas sencillas de cocción, conservación y congelado.

plato de lentejas

Las lentejas llevan siglos en nuestros platos y, aun así, siguen siendo ese ingrediente discreto al que muchas veces no le damos el protagonismo que merece. En plena época de cocina saludable, sostenibilidad y ahorro, vuelven a brillar con fuerza: son baratas, llenan, nutren y se adaptan a casi cualquier receta, desde el guiso de la abuela hasta el curry más exótico.

Más allá del clásico refrán de “lentejas, si quieres las comes y si no las dejas”, estas pequeñas legumbres son una auténtica joya nutricional cargada de historia, cultura y trucos de cocina. En las próximas líneas vas a descubrir por qué deberías comer lentejas más a menudo, cómo sacarles el máximo partido y cómo prepararlas en 8 recetas diferentes para no aburrirte nunca.

Un alimento con miles de años de historia

Las lentejas, cuyo nombre científico es Lens culinaris, son una de las primeras legumbres domesticadas por el ser humano. Su origen se sitúa en el famoso Creciente Fértil, esa franja de tierra fértil que abarca zonas de la actual Turquía, Siria, Palestina, Mesopotamia y Egipto, donde se han encontrado restos de su consumo de hace más de 8.000 años.

En excavaciones arqueológicas del Neolítico han aparecido semillas de lenteja en ciudades como Jericó, Ur y Nippur, demostrando que ya formaban parte de la dieta de sumerios y otros pueblos antiguos. Incluso se han descifrado tablillas cuneiformes, como las famosas Yale Culinary Tablets, donde se describen guisos de lentejas con cebolla, ajo, puerro, hierbas, grasa de oveja o aceite de sésamo y migas de pan para espesar.

Las civilizaciones mediterráneas también se rindieron a esta legumbre. En Egipto, las lentejas llegaron a considerarse alimento digno de la realeza, algo que se ve reflejado en diversas pinturas y restos funerarios. Griegos y romanos las consumían con frecuencia: para Hipócrates eran un alimento muy recomendable, y en el recetario romano de Apicio ya se mencionan preparaciones de legumbres en las que las lentejas tienen su hueco.

En la tradición judeocristiana, las lentejas aparecen en uno de los episodios más conocidos del Antiguo Testamento: Esaú entrega su primogenitura a Jacob a cambio de un plato de lentejas rojas. No deja de ser una anécdota simbólica que muestra el valor que tenía este guiso en la época, capaz de “comprar” hasta derechos de herencia.

Con el paso de los siglos, su cultivo se extendió por Europa, el norte de África y, más tarde, por todo el mundo. Hoy en día son básicas en países influidos por la dieta mediterránea y en muchas culturas de Asia, especialmente en India, donde los platos de dal son parte del día a día.

diferentes tipos de lentejas

Simbolismo y curiosidades de las lentejas

Además de su valor gastronómico, las lentejas han estado rodeadas de rituales, supersticiones y costumbres populares que llegan hasta nuestros días. En muchos lugares del mundo se asocian con la abundancia, el dinero y la buena suerte.

En Italia es tradición comer lentejas en la cena de Nochevieja, normalmente acompañadas de embutidos, porque su forma recuerda a antiguas monedas romanas. Cuantas más lentejas comas esa noche, más prosperidad, dicen. Incluso se regalan bolsitas con lentejas secas como si fuesen pequeñas “acciones” de fortuna.

En varios países de América Latina también se mantienen rituales de Año Nuevo con lentejas: en Colombia algunas familias llenan los bolsillos de estas legumbres, en México se lanza un puñado al aire cuando suenan las campanadas, y en algunos países europeos se coloca un plato de lentejas cocinadas en la mesa para que todos tomen al menos una cucharada.

En Castilla se decía que encontrar una lenteja sin cocer en el plato podía ser señal de buena suerte, aunque el diente no opinara lo mismo. Y en la Edad Media, para muchos monasterios, las lentejas eran “comida sin pecado”: al ser un alimento vegetal, se consideraban apropiadas para la vida austera de los monjes y para épocas de ayuno.

Incluso han llegado al espacio: en los años 80, cosmonautas soviéticos cultivaron lentejas en la estación espacial Salyut 7 como parte de experimentos de agricultura en microgravedad. No es mala carta de presentación: de los templos antiguos a las órbitas terrestres, siempre hay una olla (o un módulo) dispuesto para estas legumbres.

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Tipos de lentejas y sus características

Cuando pensamos en lentejas solemos imaginar siempre las mismas, pero lo cierto es que existen decenas de variedades cultivadas en todo el mundo, que se diferencian por el tamaño, el color, el tiempo de cocción y el uso culinario.

En función del tamaño, las lentejas pueden medir entre 3 y 10 milímetros de diámetro. Según el color encontramos verdes, pardas, marrones, amarillas, naranjas, rojas o negras. Su sabor suele ser terroso, con notas a fruto seco, y algunas variedades aportan un ligerísimo toque picante.

Entre las más conocidas en nuestro entorno están las lentejas pardinas, marrones y pequeñitas (4-6 mm), que se cuecen relativamente rápido y son perfectas para guisos tradicionales y estofados, aunque si se pasan de cocción pueden quedar algo harinosas.

Otra variedad muy apreciada es la lenteja de la Armuña, de color verde claro y tamaño mayor (8-10 mm), con piel fina y textura cremosa. También destacan las lentejas verdes del Puy en Francia, con Denominación de Origen, de sabor ligeramente mineral y textura firme, ideales para ensaladas templadas y guarniciones elegantes.

En India son muy populares las lentejas rojas o amarillas partidas (masoor dal, moong dal, etc.), que se cuecen en apenas unos minutos y se utilizan para sopas densas y currys especiados. Y en la cocina moderna han ganado fama las lentejas negras beluga, pequeñas y brillantes, ideales para ensaladas de autor y platos más “gourmet”.

ensalada de lentejas

Propiedades nutricionales de las lentejas

Si algo hace especiales a las lentejas es que son uno de los alimentos vegetales más completos que existen. En 100 g de lentejas cocidas (unas 5 cucharadas soperas) encontramos una combinación muy interesante de proteínas, hidratos de carbono complejos, fibra, vitaminas y minerales.

Su contenido proteico ronda el 23-24% en crudo, lo que las sitúa por encima de muchos cereales y al nivel de varias fuentes animales. Es proteína vegetal de buena calidad, sobre todo si combinamos las lentejas con cereales como arroz, pasta, pan integral o quinoa, porque así se consigue un perfil de aminoácidos más completo.

En cuanto a hidratos de carbono, aportan una cantidad importante de carbohidratos complejos de absorción lenta, que liberan energía de forma progresiva sin provocar picos bruscos de glucosa. Esto las hace adecuadas para mantener la energía estable durante horas y para personas que quieran controlar el azúcar en sangre.

Las lentejas son ricas en fibra soluble e insoluble. La fibra soluble ayuda a reducir la absorción de grasas y azúcares, mientras que la insoluble mejora el tránsito intestinal, aumenta el volumen de las heces y contribuye a prevenir el estreñimiento, además de ejercer un efecto prebiótico positivo sobre la microbiota.

En el apartado de micronutrientes, destacan su contenido en hierro, ácido fólico y vitaminas del grupo B, fundamentales para la formación de glóbulos rojos, el correcto funcionamiento del sistema nervioso y la producción de energía. También aportan potasio, magnesio, fósforo, zinc y otros minerales clave para la salud ósea, muscular y cardiovascular.

A todo ello se suma que son muy bajas en grasas y sin colesterol, lo que las convierte en una opción ideal en dietas de control de peso, alimentación vegetariana o simplemente para mejorar la calidad de la dieta sin gastar mucho.

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Beneficios de las lentejas para la salud

Gracias a esta composición tan equilibrada, el consumo regular de lentejas ofrece múltiples beneficios para la salud que van mucho más allá de “quitan el hambre”.

Por un lado, su combinación de proteínas vegetales y hierro contribuye a favorecer el aumento o mantenimiento de la masa muscular, sobre todo si se toma junto a cereales. El hierro mejora el transporte de oxígeno en la sangre, aumenta la resistencia física y facilita la recuperación tras el ejercicio.

Su riqueza en fibra soluble ayuda a disminuir el colesterol LDL (el llamado “malo”) al reducir la absorción de grasas en el intestino y aumentar la excreción de ácidos biliares, lo que también puede disminuir la síntesis de colesterol en el hígado. Esto se traduce en una menor probabilidad de sufrir aterosclerosis e infartos a largo plazo.

Al ser saciantes y con unas calorías moderadas, las lentejas son grandes aliadas para promover la pérdida de peso. Alargan la sensación de saciedad, reducen el picoteo entre horas y evitan los bajones de energía típicos de otras comidas más refinadas. Eso sí, siempre que la receta no esté cargada de grasas y embutidos en exceso.

Su aporte de hierro y ácido fólico contribuye a prevenir la anemia ferropénica y megaloblástica, algo especialmente importante en mujeres en edad fértil, embarazadas, personas con dietas vegetarianas o con necesidades aumentadas de estos nutrientes.

Además, su fibra favorece la regularidad intestinal y combate el estreñimiento, y el efecto prebiótico sobre la flora intestinal puede mejorar la inmunidad y la salud general del aparato digestivo.

Las lentejas también aportan compuestos bioactivos como isoflavonas, lignanas, polifenoles y saponinas, con acción antioxidante y antiinflamatoria. Estos compuestos ayudan a proteger frente a enfermedades cardiovasculares, a regular la presión arterial (por su interacción con la enzima angiotensina I) y a reducir el riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente de colon, próstata y mama.

En el caso de las mujeres, la presencia de fitoestrógenos (lignanas e isoflavonas) puede contribuir a aliviar algunos síntomas del síndrome premenstrual y de la menopausia, como los sofocos o los cambios de humor, al modular ligeramente el equilibrio hormonal.

¿Las lentejas engordan?

Una de las grandes dudas recurrentes es si las lentejas “engordan”. Por sí mismas, son un alimento bajo en grasa, rico en fibra y muy saciante, por lo que encaja perfectamente en una dieta para adelgazar o para mantener un peso saludable.

El problema no está en la lenteja, sino en con qué la acompañamos y cómo la cocinamos. Si las preparas con verduras, especias y un buen chorro moderado de aceite de oliva, obtendrás un plato muy completo y equilibrado. Si en cambio el guiso va cargado de chorizo, panceta, costillas y un exceso de grasas, las calorías se disparan y los beneficios cardiovasculares se reducen bastante.

Por tanto, si quieres que las lentejas encajen en tu plan de pérdida de peso, prioriza recetas con verduras, cereales integrales y grasas saludables, dejando los embutidos para ocasiones muy puntuales o en cantidades pequeñas.

Remojo, antinutrientes y contraindicaciones

Una de las ventajas de las lentejas frente a otras legumbres es que no siempre necesitan remojo previo. Las variedades pequeñas, como la pardina, se pueden cocinar directamente tras lavarlas bien. Aun así, ponerlas en remojo entre 8 y 12 horas tiene sus ventajas.

Las lentejas contienen fitatos, ácido fítico y taninos, compuestos llamados antinutrientes porque en grandes cantidades pueden dificultar la absorción de ciertos minerales (como el hierro o el zinc) y favorecer la aparición de gases o molestias digestivas. El remojo y la cocción reducen de forma significativa estos compuestos.

Por eso, si las legumbres te sientan pesadas o sueles tener muchos gases, puede ayudarte dejarlas en remojo y desechar esa agua antes de cocinarlas con agua limpia. También conviene cocerlas el tiempo suficiente, pero sin excederse demasiado para no perder vitaminas del grupo B y minerales como hierro, potasio o magnesio.

En cuanto a contraindicaciones, las lentejas no se recomiendan en personas con síndrome del intestino irritable, colitis ulcerosa en brote o diarrea aguda, ya que su contenido en ciertos carbohidratos fermentables (FODMAPs) puede aumentar la hinchazón, los gases y el malestar. Tampoco deben consumirlas quienes tengan alergia o intolerancia específica a esta legumbre.

En personas sanas, integradas en una dieta equilibrada y acompañadas de actividad física regular, las lentejas son un alimento muy recomendable para tomar de forma frecuente.

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Cómo cocinar lentejas: trucos y tiempos de cocción

Conseguir unas lentejas de sobresaliente no es solo cuestión de receta, sino también de técnica y pequeños detalles que marcan la diferencia en textura, sabor y digestibilidad.

Lo primero es hacer una selección previa, sobre todo si las compras a granel: extiéndelas sobre la mesa o una bandeja y retira posibles piedrecitas o impurezas. Si vienen envasadas, este paso suele ser menos necesario, pero un repaso rápido nunca sobra.

Después hay que lavarlas bien bajo el grifo o en un bol con agua, removiendo hasta que el agua salga clara. Este paso ayuda a eliminar polvo del proceso de cosecha y parte de las sustancias que pueden producir espuma durante la cocción.

Respecto al recipiente, lo ideal son cazuelas de acero inoxidable, esmalte o barro, que no reaccionan con la legumbre. Mejor evitar recipientes de aluminio o hierro sin revestir, ya que pueden alterar el sabor, dándole un toque metálico.

Para un guiso tradicional en olla normal, se suele cubrir la lenteja con agua unos 4-5 centímetros por encima. A medida que hierve, irá absorbiendo líquido y aumentando de tamaño. Si ves que el agua se agota antes de que estén tiernas, añade un poco de agua fría para bajar el hervor y seguir con una cocción suave.

El tiempo de cocción en olla convencional oscila entre 40 y 90 minutos, según el tipo de lenteja y si han tenido remojo o no. Las rojas partidas se hacen en unos 5-15 minutos; las pardinas y similares, en torno a 30-45 minutos; otras variedades más grandes pueden irse a 60-90 minutos.

En olla a presión o exprés, los tiempos se reducen drásticamente: en 15-20 minutos suelen estar hechas. Eso sí, conviene no pasarse del tiempo estimado para que no se deshagan por completo y el resultado se convierta en un puré.

Un truco importante: para que no se pongan duras, la sal se debe añadir casi al final, cuando las lentejas ya están tiernas. Si se sala desde el principio, la legumbre puede endurecerse y costar mucho que llegue a su punto. También ayuda mantener una temperatura media o medio-baja, evitando hervores excesivamente violentos.

Si durante la cocción aparece una espuma oscura en la superficie, retírala con una espumadera, porque suele indicar impurezas y restos no eliminados en el lavado. Y para remover, mejor agitar la cazuela con un movimiento suave que meter una cuchara cuando ya están blandas, para que no se rompan.

La textura ideal suele ser cremosa, con lentejas tiernas pero enteras. Si el guiso te queda muy líquido, puedes separar un cazo de lentejas con algunas verduras, triturarlo y devolver ese puré a la olla para espesar todo el conjunto y aportar más sabor.

guiso de lentejas

Lentejas en la cocina mediterránea e internacional

En España, las lentejas han pasado de ser plato humilde de diario a ingrediente versátil y muy valorado. Siguen triunfando los guisos de cuchara de toda la vida, con su sofrito, laurel, pimentón y, a veces, un poco de chorizo o panceta, pero también se han hecho un hueco en recetas modernas: ensaladas templadas con queso feta, cremas suaves, hamburguesas vegetales o bowls con quinoa y verduras asadas.

La variedad pardina es la reina del recetario casero, mientras que otras como la castellana o la verdina se usan para preparaciones que admiten cocciones más largas o presentaciones más finas. Las lentejas beluga se han colado en las cartas de restaurantes creativos por su aspecto elegante y su capacidad de quedar firmes en ensaladas.

En Italia, más allá de Nochevieja, las lentejas se cocinan en guisos aromatizados con hierbas, tomate y vino, a menudo acompañando a embutidos o carnes guisadas. Su simbolismo de riqueza ha hecho que estén muy presentes en celebraciones y comidas familiares importantes.

Grecia aporta la “fakes soupa”, una sopa de lentejas con tomate, ajo, cebolla, laurel y un chorro de vinagre al final que le da un toque muy característico. Suele servirse con pan rústico y, a veces, aceitunas o queso feta, especialmente en época de Cuaresma.

En Francia, las lentejas verdes del Puy se han ganado fama internacional y se utilizan como guarnición refinada para pato, salmón, carnes asadas o platos navideños. Su textura firme las hace perfectas para ensaladas templadas con chalotas, mostaza a la antigua y vinagre de vino.

Y si miramos a India, el dal de lentejas es prácticamente un pilar de su alimentación diaria. Con combinaciones infinitas de especias, leche de coco, tomates, cebolla y ajo, se sirven con arroz o pan plano y son un ejemplo perfecto de cómo una legumbre humilde puede ser protagonista absoluta de platos llenos de sabor.

¿Con qué combinar las lentejas para aprovecharlas mejor?

Para exprimir al máximo todo su potencial, conviene saber cómo combinarlas en el plato. Junto con cereales como el arroz, la pasta, el pan o la quinoa, las lentejas forman una proteína completa similar a la de origen animal, al complementarse sus aminoácidos esenciales.

Si además se acompañan de alimentos ricos en vitamina C (tomate, pimiento, cítricos, perejil, fresas…), se mejora la absorción del hierro no hemo presente en las lentejas, lo que ayuda a prevenir la anemia de forma más eficaz.

Sumar una buena ración de verduras variadas (zanahoria, apio, cebolla, calabacín, espinacas, acelgas…) aumenta la densidad nutricional del plato, aporta más fibra, vitaminas, minerales y volumen con pocas calorías.

Con estos tres elementos -lentejas, cereal y verduras- tienes básicamente un plato completo y equilibrado que puede servir como comida principal sin necesidad de añadir carne o pescado, salvo que quieras hacerlo por gusto.

Cómo conservar y congelar lentejas

Las lentejas secas son muy agradecidas a la hora de almacenarlas: basta con guardarlas en un lugar fresco, seco y oscuro, en su envase original bien cerrado o en un tarro hermético que las proteja de la humedad y de posibles insectos.

Una vez cocidas, pueden mantenerse en la nevera 4-5 días dentro de un recipiente de cristal o plástico con tapa. Es preferible conservarlas con parte del caldo de cocción para que no se resequen.

También se congelan de maravilla. Puedes hacerlo en porciones individuales o en raciones familiares, con o sin caldo, dependiendo de si las vas a usar como base de otras preparaciones o para comer tal cual. En el congelador, lo ideal es consumirlas en un máximo de 6 meses para asegurar una buena textura y sabor.

8 recetas con lentejas para todos los gustos

Para que no se queden solo en el guiso de los lunes, aquí tienes ocho ideas de recetas con lentejas que cubren desde la cocina más tradicional hasta propuestas modernas y ligeras.

1. Lentejas estofadas tradicionales

La receta de toda la vida, la que huele a casa y a cuchara de palo. Necesitarás lentejas, zanahoria, pimiento, tomate, ajo, laurel, pimentón dulce, aceite de oliva y sal. Puedes añadir chorizo si quieres un toque más contundente.

Se hace un sofrito con ajo, pimiento y zanahoria, se incorpora el tomate rallado, se añaden las lentejas, el laurel, el pimentón y el agua o caldo, y se deja cocer a fuego medio-bajo unos 30-40 minutos, hasta que estén tiernas y el caldo tome cuerpo. Un reposo de unos minutos antes de servir mejora aún más el resultado.

2. Ensalada templada de lentejas

Ideal para quienes buscan algo más ligero pero igual de nutritivo. Se parte de lentejas cocidas (caseras o de bote bien escurridas) y se mezclan con tomates cherry, pepino, cebolla morada y, si te apetece, un poco de queso feta desmenuzado.

Se aliña con aceite de oliva virgen extra, zumo de limón, sal y pimienta. Puedes servirla templada o fría, y queda fenomenal como plato único a mediodía o como cena completa.

3. Curry de lentejas rojas con leche de coco

Una receta inspirada en la cocina india, muy aromática y reconfortante. Lleva lentejas rojas, cebolla, ajo, jengibre, curry en polvo, leche de coco, aceite y sal. Opcionalmente, puedes añadir tomate triturado o verduras como zanahoria y espinaca.

Primero se sofríen la cebolla, el ajo y el jengibre; se añade el curry para potenciar el aroma; luego las lentejas y la leche de coco, y se cocina suavemente unos 20-25 minutos. Se sirve con arroz blanco o integral para completar el plato.

4. Hamburguesas de lentejas

Perfectas para quienes quieren reducir el consumo de carne sin renunciar a una buena hamburguesa. Se preparan con lentejas cocidas trituradas, zanahoria rallada, cebolla, ajo, pimiento, tomates secos, huevo y pan rallado integral, más especias al gusto (orégano, comino, pimienta, pimentón…).

Mezclamos hasta formar una masa manejable, se deja reposar en la nevera unos 30 minutos y se forman hamburguesas. Se cocinan a la plancha o al horno con un poco de aceite de oliva unos minutos por cada lado. Puedes servirlas en pan de hamburguesa o acompañadas de ensalada.

5. Ensalada de lentejas y patata

Una combinación sencilla pero muy resultona. Se cuecen las lentejas unos 20 minutos y, en otra olla, patatas nuevas enteras durante un tiempo similar. Se cortan las patatas por la mitad, se mezclan con las lentejas, cebollino o cebolleta en rodajas y se aliña con aceite de oliva virgen extra, vinagre balsámico, sal y pimienta.

A la hora de servir, se puede servir templada o a temperatura ambiente, como plato único o como guarnición contundente.

6. Sopa de lentejas con verduras

Una opción muy reconfortante para días fríos. Se utiliza lenteja remojada, cebolla, patata, ajo, zanahoria, laurel, aceite de oliva, sal y pimienta. Primero se pocha la cebolla con sal hasta que quede dorada; se añade el resto de verduras con el laurel y un poco más de aceite.

Se incorpora el agua, las lentejas y la patata, se lleva a ebullición y luego se deja cocer a fuego suave unos 30 minutos, hasta que todo esté tierno. Se sirve bien caliente; si lo prefieres más espeso, puedes triturar una parte.

7. Lentejas guisadas con vino, tomates y espinacas

Una versión moderna de estofado de lentejas, muy sabrosa y llena de matices. Se parte de una base de cebolla y pimiento salteados con aceite de oliva, a la que se añaden especias como pimentón, orégano y laurel. Luego se incorpora ajo, pasta de tomate y un chorro de vino (tinto o blanco), que se deja reducir casi por completo.

Se agregan lentejas, caldo vegetal y tomate (en trozos o triturado) y se cuece a fuego suave hasta que estén tiernas. Al final, se añaden hojas de espinaca fresca, que solo necesitan unos segundos de cocción para quedar perfectas, y un último chorrito de buen aceite de oliva por encima.

8. Crema o sopa espesa de lentejas tipo “dal”

Inspirada en las preparaciones indias, esta receta se basa en lentejas rojas o amarillas partidas, cocinadas hasta que se deshacen. Se aromatizan con cebolla, ajo, jengibre, cúrcuma, comino, cilantro, tomate y, si quieres, un toque de leche de coco.

El resultado es una crema espesa y muy aromática que se come con cuchara o acompañada de arroz y pan plano. Es una forma estupenda de cambiar de registro si estás cansado del guiso clásico y quieres viajar con el paladar sin salir de la cocina.

Con todo lo que aportan a nivel de sabor, historia y nutrición, las lentejas son ese ingrediente modesto que merece un lugar fijo en la despensa: llenan el plato, cuidan tu salud, respetan el bolsillo y se adaptan a casi cualquier estilo de cocina, desde la más casera hasta la más creativa.

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