Hay palabras que despiertan recuerdos, y empanadillas clásicas es una de esas que nos llevan directos a la cocina de casa, a las bandejas de la abuela, a las cenas improvisadas y hasta a míticos sketches de televisión. Más allá de la nostalgia, las empanadillas son un bocado versátil, económico y perfecto tanto para el día a día como para un picoteo con amigos.
Lo mejor es que, con muy pocos ingredientes, podemos preparar empanadillas caseras al horno o fritas, con masa totalmente artesanal o comprada, y rellenarlas casi con lo que tengamos en la nevera: sobras de cocido, verduras salteadas, carne guisada, pescado en conserva, quesos, e incluso mezclas dulces con fruta y chocolate. Aquí encontrarás una guía muy completa para dominar la masa y un montón de ideas de rellenos salados y dulces.
La masa de empanadillas casera: claves, proporciones y trucos

Antes de hablar de rellenos, conviene tener claro que la masa marca la diferencia entre unas empanadillas normalitas y unas de escándalo. Podemos tirar de obleas refrigeradas de buena calidad, pero hacer la masa en casa es más fácil de lo que parece y merece muchísimo la pena.
La base siempre es la misma: harina, un líquido, una grasa y sal. A partir de ahí, cada casa tiene sus proporciones favoritas y sus pequeños trucos, desde añadir vino blanco o cerveza hasta incorporar un huevo o un poco de leche para darle más ternura.
Mucha tradición gastronómica recomienda que la cantidad de líquido y de grasa vaya a la par (misma medida), y que la harina se añada “hasta que la masa la admita”. Es decir, ir incorporando poco a poco hasta que tengamos una textura elástica, que no se pegue demasiado a las manos pero tampoco quede seca y dura.
Un detalle importante es que la masa no se debe trabajar en exceso para que no desarrolle demasiada liga (gluten fuerte) y quede correosa. Lo ideal es mezclar, aplastar y unir con suavidad, dejar reposar la masa cubierta con un paño ligeramente húmedo unos 30-60 minutos y luego estirarla fina, de unos 2 mm si queremos un resultado crujiente y ligero.
En cuanto a la cocción, podemos hacer empanadillas fritas o al horno. Las fritas resultan más golosas y clásicas, mientras que las de horno son algo más ligeras y aguantan mejor cuando se enfrían. Eso sí, las fritas recién hechas, quemando un poco los labios, son puro vicio.
Receta básica de masa de empanadillas (versión fácil)
Una fórmula muy práctica y sencilla para empezar es la que combina harina, agua, aceite y sal, sin complicarse con más ingredientes. Funciona perfecto para empanadillas al horno o fritas y se maneja muy bien.
Ingredientes orientativos para una masa de empanadillas casera sencilla:
- 250 g de harina de trigo (mejor si la tamizamos)
- 35 g de aceite (de oliva suave o girasol, al gusto)
- 1 cucharadita de sal
- 150 ml de agua tibia aproximadamente
Otra versión muy usada, especialmente cuando queremos más cantidad y una masa algo más consistente, combina 300 g de harina con 100 g de mantequilla en pomada, un chorrito de aceite, sal y agua añadida poco a poco hasta lograr una bola lisa y elástica, que después se deja reposar una hora tapada.
Pasos básicos para preparar la masa casera:
- En un bol amplio, tamiza la harina y mezcla con la sal para repartirla bien.
- Añade el aceite o la mantequilla en pomada y remueve hasta obtener una especie de migas.
- Ve incorporando el agua poco a poco, mezclando con las manos hasta formar una masa homogénea que no se pegue apenas.
- Amasa suavemente unos minutos, forma una bola y deja reposar tapada 30-60 minutos (con paño húmedo o film).
- Estira con rodillo sobre una superficie ligeramente enharinada hasta conseguir una lámina fina.
- Corta círculos con un aro de unos 10-12 cm o con un vaso ancho, retirando los restos para volver a estirarlos.
También se puede preparar una masa “escaldada”, calentando el agua con la grasa y añadiendo luego la harina de golpe, como se hace en muchas recetas de borekas. Este método da una masa muy maleable y fácil de estirar, ideal para hornear.
Empanadillas: ¿freírlas o cocinarlas al horno?

En muchas casas de toda la vida, las empanadillas se han hecho siempre fritas en aceite de oliva, selladas con un tenedor y a la sartén hasta que quedan infladas y doradas. Es la versión clásica, muy sabrosa aunque más calórica, y perfecta para comer al momento.
Sin embargo, cada vez son más habituales las empanadillas al horno, más ligeras y cómodas si cocinamos para varias personas. No absorben aceite extra, se doran de forma uniforme y aguantan bien incluso frías, o recalentadas en el propio horno (mejor evitar el microondas para que no se reblandezcan).
Para freír, es importante usar un buen aceite, que no esté quemado, y mantener una temperatura media-alta para que se doren rápido sin empaparse de grasa. Para el horno, se recomienda pincelar las empanadillas con huevo batido y cocerlas a 190‑200 ºC durante unos 15-20 minutos, vigilando que tomen un bonito tono dorado.
Si tienes freidora de aire, también es una opción estupenda para empanadillas crujientes con menos grasa. A unos 180 ºC, en 8-10 minutos y dándoles la vuelta a media cocción quedan perfectas, especialmente las de verduras.
Empanadillas tradicionales de atún, carne y jamón y queso
Más allá de las mil combinaciones modernas, hay tres rellenos clásicos que no fallan nunca: atún con tomate y huevo, carne picada con sofrito, y la eterna pareja jamón y queso. Son ideales para peques, para principiantes en la cocina o para esos días en los que no queremos complicarnos demasiado.
Empanadillas de atún, tomate y huevo (las de toda la vida)
Son probablemente las empanadillas más populares en España, muy similares a las famosas empanadillas “de Móstoles”. Se preparan con obleas, atún en conserva, tomate frito y huevo duro.
Para unas 12 unidades, lo habitual es mezclar 2 huevos cocidos bien picados con 2 latas de atún en escabeche (o en aceite, escurrido) y unas cucharadas de buen tomate frito. Hay que cuidar que el relleno no quede demasiado líquido para que no humedezca la masa.
Se coloca una cucharada en el centro de cada oblea, se cierra doblando por la mitad y se sella con un tenedor. Luego se fríen en aceite caliente, dándoles la vuelta para que se doren por ambos lados, o se hornean pintadas con huevo batido.
Empanadillas de carne picada con sofrito
Otra opción muy socorrida son las empanadillas rellenas de carne picada con verduras, parecidas a una mini empanada gallega. Se pueden hacer con masa casera o con obleas compradas.
Para el relleno, se suele sofreír cebolla picada, ajo y pimiento verde hasta que estén muy tiernos, añadir carne de cerdo o mezcla de cerdo y ternera, salpimentar y cocinar hasta que pierda el color crudo. A menudo se enriquece con comino, perejil, huevo duro y aceitunas rellenas picadas, obteniendo una mezcla jugosa y muy aromática.
Con la masa casera, se cortan discos finos, se rellena con una cucharada colmada, se pliegan, se cierran con un tenedor y se fríen en abundante aceite caliente hasta que estén doradas. También pueden hornearse, pintadas con huevo y a 200 ºC hasta que tomen color.
Empanadillas caseras de ternera, champiñones y tomate
Una versión algo más elaborada y muy sabrosa combina carne de ternera picada con champiñones y una buena salsa de tomate casera. Primero se pochan ajo y cebolla a fuego muy suave, luego se añaden los champiñones bien picados y se saltean hasta que pierdan el agua.
Se incorpora la carne de ternera, se salpimenta y se dora ligeramente, y después se suma la salsa de tomate, dejando que se sofría todo junto unos minutos hasta que espese. Una vez frío, se usa para rellenar discos de masa casera preparada con harina, manteca de cerdo y agua.
Estas empanadillas suelen irse al horno a unos 190 ºC, pinceladas con huevo y espolvoreadas con semillas de sésamo, hasta que se doran y la masa queda crujiente.
Empanadillas de jamón y queso al horno
Cuando buscamos algo ultra sencillo y resultón, las empanadillas de jamón cocido y queso fundente son un recurso imbatible. Basta con cortar las lonchas de jamón de York y queso en formas divertidas con un cortapastas (estrellas, corazones, círculos) y colocarlas entre dos obleas.
Se sellan haciendo un repulgue con los dedos o aplastando con un tenedor, se pintan con huevo batido y se hornean a unos 190 ºC hasta que estén doradas y el queso se haya fundido. Los recortes de queso y jamón se pueden aprovechar en bocadillos, ensaladas o tortillas.
Empanadillas de aprovechamiento: ropa vieja, sobras de cocido y más
Si algo tienen de maravilloso las empanadillas es que son perfectas para dar salida a restos de otras comidas. Un poco de carne guisada, sobras de cocido o un salteado de verduras se transforman en un bocado nuevo y apetecible.
Empanadillas de ropa vieja de cocido
Cuando hacemos cocido suele sobrar carne, y la manera más clásica de reciclarla es la “ropa vieja” con tomate. Esa misma mezcla es un relleno espectacular para empanadillas.
Se pica media cebolla, se pocha despacio, se añaden las sobras de carne bien desmenuzadas, una cucharadita de pimentón dulce y tomate triturado. Se deja reducir hasta que el tomate espese, se enfría y se utiliza para rellenar obleas.
Estas empanadillas suelen hornearse a 200 ºC, barnizadas con huevo batido, hasta que empiezan a dorarse, logrando un interior jugoso con todo el sabor del guiso original.
Empanadillas carbonara
Otra idea muy sabrosa es llevar los sabores de una salsa carbonara espesa al interior de la empanadilla. En este caso, en lugar de nata se usa queso crema (de untar) para obtener una mezcla más densa que no se escape al hornear.
Se pochan cebollas bien picadas, se añade beicon en trocitos pequeños y luego queso crema, removiendo hasta que se integra y queda una salsa espesa pero manejable. Se ajusta de sal y pimienta y se deja templar.
Se rellenan las obleas con pequeñas porciones de esta mezcla, se sellan, se pintan con huevo y se hornean a 200 ºC unos 15 minutos. El resultado es una empanadilla cremosa por dentro y dorada por fuera, que recuerda a la pasta carbonara pero en formato de picoteo.
Empanadillas de queso, verduras y combinaciones creativas
Si quieres salir del típico atún con tomate, hay un universo de rellenos con verduras, quesos y frutas que dan mucho juego. Desde borekas con hierbas hasta mezclas con brócoli, pera y queso azul o propuestas veganas con tofu y algas.
Borekas de queso y hierbas frescas
Las borekas son unas empanadillas de inspiración mediterránea y oriental, muy típicas en la cocina sefardí. Su masa se suele hacer escaldando agua y aceite, lo que da un resultado elástico y fácil de trabajar.
Para unas 15 unidades, se calienta en un cazo 150 g de agua con 75 g de aceite de oliva y un pellizco de sal hasta que hierva, se vierte en un bol y se añade de golpe unos 330 g de harina. Se mezcla hasta formar una masa suave, se deja reposar media hora cubierta y luego se divide en porciones que se estiran en círculos.
El relleno mezcla queso feta, queso crema, un huevo y hierbas frescas picadas (perejil, hierbabuena, eneldo), salpimentando al gusto. Se coloca una cucharada en el centro de cada círculo, se dobla, se sella con los dedos o un tenedor y se pincela con yema de huevo, espolvoreando sésamo por encima.
Se hornean a 200 ºC unos 20 minutos, hasta que la superficie quede ligeramente dorada. Son ideales como aperitivo o para una cena ligera.
Empanadillas de verduras en freidora de aire u horno
Si buscas algo más ligero, las empanadillas de verduras son una opción fantástica, sobre todo si las cocinas en freidora de aire o al horno con muy poco aceite. Un relleno muy completo combina patata y acelgas, ajo, cebolla y un toque de vino blanco.
Se sofríen los ajos con aceite, se añade pimentón, vino y una hoja de laurel, se deja hervir un par de minutos y luego se incorporan las acelgas troceadas. Tras unos diez minutos a fuego suave, se reservan. Aparte, se cuecen patatas en agua con sal, se pelan y se machacan con un tenedor.
Se mezcla la patata con las acelgas ya cocinadas, se ajusta de sal y pimienta y, cuando esté frío, se rellena cada oblea con una cucharada de esta mezcla. Se mojan los bordes con agua, se cierran, se sellan y se pintan con huevo batido.
En la freidora de aire se colocan sobre papel vegetal a 180 ºC unos 8 minutos, dándoles la vuelta a mitad de tiempo. Al horno, el proceso es muy similar, solo que en bandeja, hasta que estén bien doradas.
Empanadillas de brócoli, pera y queso azul
Para quienes disfrutan de sabores más atrevidos, una combinación espectacular es brócoli con pera y queso azul. El contraste entre el dulzor de la fruta y la intensidad del queso es una maravilla.
Se pica el brócoli en floretes muy pequeños, se cocina al vapor o al microondas con un chorrito de aceite y sal unos minutos, hasta que quede tierno pero con cierto mordisco. La pera se corta en dados pequeños y se mezcla con el brócoli y el queso azul desmigado.
Con las obleas estiradas, se coloca un poco de esta mezcla en el centro, se doblan y se sellan con un tenedor. Se fríen en aceite no demasiado fuerte hasta que estén doradas o se hornean para aligerar la preparación.
Empanadillas de calabacín, manzana y quesos
Una idea estupenda para familias con peques es mezclar calabacín, un toque de manzana y quesos tipo mozzarella y parmesano. El resultado es muy suave, sabroso y perfecto para fiestas y cumpleaños.
Se pican calabacín y cebolla en trocitos menudos y se saltean a fuego medio-bajo hasta que queden blandos. Aparte, se trocea media manzana en dados pequeños. Sobre las obleas se coloca una cucharada de la mezcla de calabacín y cebolla, un poquito de manzana y una cucharada de mozzarella rallada con un pellizco de parmesano.
Si se usan obleas comerciales, conviene no añadir demasiada sal al relleno, porque la masa y el parmesano ya aportan. Se cierran, se sellan con un tenedor, se pincelan con huevo y se hornean a 180 ºC unos 10‑12 minutos, hasta que se doren.
Empanadillas de aguacate, tomate y mozzarella fresca
Para amantes del aguacate, nada mejor que unas empanadillas estilo “ensalada caprese” con un toque cremoso. Se machaca el aguacate con un poco de zumo de limón y sal, se pica el tomate muy fino y se corta la mozzarella fresca en dados.
En cada oblea se coloca una cucharada de aguacate aliñado, otra de tomate y un dado de mozzarella. Si la masa es casera, se puede añadir una pizca de sal extra. Se cierran, se sellan, se pintan con huevo y se hornean a 180 ºC hasta que estén doradas.
Empanadillas de pollo y maíz
El pollo combina de maravilla con el toque dulce del maíz, dando lugar a un relleno jugoso y muy completo para cenas rápidas. Se pochan cebolla y puerro picados, se añade pollo en trocitos pequeños y se saltea hasta que cambie de color.
Una vez listo, se deja templar y se mezcla con maíz dulce escurrido. Se reparte sobre las obleas, se cierran, se pintan con huevo y se hornean a 180 ºC unos minutos hasta que se doren. También pueden freírse si preferimos un resultado más crujiente.
Empanadillas con inspiración internacional y toques exóticos
Las empanadillas tienen parientes cercanos por medio mundo: gyozas asiáticas, samosas indias, raviolis italianos… Siguiendo esa idea, podemos jugar con sabores internacionales para crear rellenos muy originales.
Relleno tipo “pascualina” (espinacas, acelgas y queso)
La clásica torta pascualina italiana se puede convertir en unas empanadillas de verduras y queso muy sabrosas. Se usan espinacas y acelgas, sofritas con cebolla, a las que luego se añaden requesón o ricotta, queso rallado (como parmesano) y huevo duro picado.
Se sazona con hierbas como orégano y una pizca de nuez moscada, se deja enfriar y se reparte en triángulos de masa filo, en hojaldre o en obleas tradicionales, que se hornean hasta quedar crujientes.
Empanadillas con sabor a curry de pollo
Si te gusta la cocina tailandesa o india, una buena idea es preparar un curry de pollo con leche de coco y usarlo de relleno. Se hace un guiso con cebolla, zanahoria, ajo, jengibre, pasta de curry y leche de coco, añadiendo contramuslos de pollo troceados y cociendo hasta que estén muy tiernos.
Después se pica el pollo, se reduce la salsa sólo lo justo para que quede espesa y se mezcla de nuevo. Una vez templado, se usa como relleno de obleas, que se hornean o se fríen. Es una opción aromática y sorprendente para aperitivos diferentes.
Empanadillas veganas: tofu, brócoli y algas
Para quienes no consumen productos animales, las empanadillas también son un lienzo en blanco. Se puede hacer un relleno cremoso con tofu firme triturado, miso o salsa de soja, brócoli y cebolleta china, quedando una textura parecida a un paté vegetal.
Otra variante vegana mezcla pimiento, cebolla, zanahoria en sofrito con láminas de alga nori picada y semillas de sésamo tostado, dando un punto marino muy interesante. En ambos casos, la clave está en ajustar bien la sazón y controlar la humedad del relleno.
Empanadillas dulces: fruta, chocolate y queso cremoso
No todo van a ser versiones saladas. Las empanadillas también admiten rellenos dulces, perfectos para postre o merienda. Con masa de empanadilla, hojaldre o incluso pasta filo, podemos hacer bocados crujientes rellenos de fruta, chocolate o cremas suaves.
Empanadillas de pera, nueces y queso azul
Un relleno dulce-salado muy fino combina pera salteada en mantequilla con gorgonzola y nueces picadas. La pera se dora ligeramente, se añade el queso para que se funda y se incorporan las nueces y algo de tomillo fresco.
Una vez templado, se reparte en las obleas y se hornea hasta que estén doradas. Estas empanadillas funcionan de maravilla tanto para desayunos especiales como para una cena de picoteo con una copa de vino.
Empanadillas de manzana, canela, ricotta y chocolate
Si eres de los que no perdonan el postre, prueba a rellenar las empanadillas con manzana salteada, queso ricotta y trocitos de chocolate. Se doran dados de manzana en mantequilla, se dejan enfriar y se mezclan con ricotta o requesón bien escurrido, canela o vainilla y chocolate picado.
Se cierra cada empanadilla con cuidado, se hornean hasta que estén doradas y el interior queda cremoso y perfumado. Son perfectas servidas templadas, incluso con una bola de helado de vainilla al lado.
Trucos finales para unas empanadillas de campeonato
Para que tus empanadillas salgan siempre bien, conviene tener presentes algunos detalles que marcan la diferencia. La finura de la masa, el punto de humedad del relleno y el tipo de cocción son claves.
Procura que la masa quede estirada a no más de 2 mm, sobre todo si vas a freír, porque se nota muchísimo en la ligereza del bocado. Si haces la masa a mano, evita amasar en exceso; mejor mezclar y aplastar suavemente que sobarla durante mucho rato.
Es fundamental que el relleno esté templado o frío y no sea demasiado líquido. Si lleva tomate o salsas, deja reducir bien. Además, las empanadillas ya formadas no deberían esperar mucho antes de cocinarse, sobre todo en climas secos, porque la masa tiende a resecarse y puede agrietarse. Si necesitas conservarlas, consulta los consejos para congelar tartas y empanadas.
En cuanto a la grasa, usa aceite de oliva de calidad para freír y no lo dejes quemar. Para el horno, un toque de huevo batido (o incluso un poco de leche) ayuda a conseguir un color dorado muy apetecible, y las semillas de sésamo u otras especias en la superficie dan un extra de sabor.
Las empanadillas son de esos platos “viejunos” que nunca pasan de moda: permiten aprovechar sobras, admiten casi cualquier relleno y encajan igual de bien en un menú familiar que en un picoteo con amigos. Con una buena masa casera, algo de imaginación y estos rellenos como punto de partida, tienes entretenimiento y cenas resueltas para rato.

