Boniato: 7 ideas dulces y saladas para sacarle partido

  • El boniato es un tubérculo versátil, económico y nutritivo que funciona en recetas dulces y saladas.
  • Permite elaborar cremas, guisos, ensaladas, risottos, gnocchis, hamburguesas y guarniciones crujientes.
  • En repostería aporta jugosidad a bizcochos, brownies, galletas, panecillos y dulces tradicionales.
  • Su sabor suave y dulce combina muy bien con especias, cítricos, lácteos, frutos secos y legumbres.

Recetas con boniato dulces y saladas

El boniato (también llamado batata o camote) es uno de esos ingredientes que, cuando bajan las temperaturas, apetece tener siempre a mano en la despensa. Tiene un punto dulce muy suave, una textura cremosa y un aroma que recuerda al otoño, a horno encendido y a platos de cuchara reconfortantes. Lo mejor es que se adapta a casi todo: asado, en crema, en chips, en masas de pan, en dulces o como guarnición.

Además de versátil, el boniato es un alimento muy interesante desde el punto de vista nutricional: es rico en fibra, vitamina A, antioxidantes y carbohidratos complejos, por lo que sacia, alimenta y encaja de maravilla en una dieta equilibrada. Si lo compras de temporada y, mejor aún, de producción local, ganas en sabor, textura y nutrientes, y de paso apoyas al pequeño agricultor de tu zona.

Por qué el boniato es el rey del invierno (y del resto del año)

Este tubérculo suele asociarse al frío porque muchos lo recordamos de pequeños asado en las brasas o al horno, pero lo cierto es que el boniato se puede disfrutar durante todo el año. En casa, más de uno lo conocía como “patata dulce”, y no siempre gustaba a los niños. Con el tiempo, sin embargo, se ha convertido en un ingrediente fetiche que se cuela en cremas, ensaladas, masas de pan, guisos, postres y picoteos.

Su dulzor natural hace que funcione de maravilla tanto en platos salados como en propuestas dulces. En lo salado, combina genial con quesos intensos, especias, cítricos, frutos secos, legumbres y cereales. En lo dulce, se lleva bien con canela, vainilla, anís, cacao o miel. Esa capacidad camaleónica es precisamente lo que le da tanto juego en la cocina diaria.

Además, es un ingrediente relativamente económico y fácil de preparar. Se cuece, se asa o se cocina al vapor sin complicaciones, se tritura muy bien para hacer purés y rellenos, y se integra con facilidad en masas de bizcochos, panecillos, galletas o brownies. Con un par de boniatos puedes preparar varios platos completamente distintos sin repetir sabores.

En este artículo vas a encontrar una selección muy completa de ideas con boniato: desde sopas y cremas suaves para entrar en calor hasta guarniciones especiadas, risottos, hamburguesas vegetales, gnocchis caseros y ensaladas templadas; y, por supuesto, un buen repertorio de dulces tradicionales y modernos donde el boniato es el protagonista absoluto.

7 ideas saladas con boniato para sacar todo su partido

Platos salados con boniato

Vamos a empezar por las recetas saladas, que demuestran que el boniato no es solo una guarnición tímida al lado de la carne, sino que puede ser el elemento central de platos muy completos, llenos de sabor y con ingredientes asequibles. Tienes opciones ligeras, otras más contundentes y muchas combinaciones para el día a día.

1. Cremas, sopas y platos de cuchara con boniato

Una de las formas más agradecidas de usar este tubérculo es en cremas y platos de cuchara. Su textura hace que, al triturarlo, se obtenga una consistencia sedosa sin necesidad de añadir grandes cantidades de nata. Un ejemplo clásico es la crema de boniato con jengibre: se pelan dos boniatos grandes, se trocean y se cuecen con media cebolla y un pedazo de jengibre fresco. Cuando todo esté tierno, se tritura con caldo vegetal hasta lograr una crema fina, se rectifica de sal y se termina con un chorrito de aceite de oliva. El jengibre le da un punto picante y aromático muy especial.

Muy en la línea, otra opción es la crema de boniato y zanahoria, perfecta para las noches frías. Basta con cocinar dos boniatos medianos, tres zanahorias y una cebolla con caldo de verduras (unos 750 ml), sazonar y triturar. Si quieres personalizarla, puedes incluir un toque de jengibre o un chorrito de leche de coco para darle un aire más exótico sin complicarte la vida.

Si te apetece algo más especiado, el boniato funciona genial en platos como un dahl de lentejas rojas cubierto con puré de batata. Se prepara un sofrito suave con cebolla y zanahoria, se añade ajo, jengibre rallado, curry en polvo, caldo de verduras, un poco de salsa de tomate y lentejas rojas. Tras una cocción corta, las lentejas quedan tiernas y cremosas. Encima se reparte un puré de boniato mezclado con yogur natural, se espolvorea queso rallado (opcional) y se gratina en el horno hasta que se dore la superficie. Sale un plato completo, lleno de proteína vegetal y con una capa superior muy reconfortante.

En el terreno de los guisos con carne, el boniato aporta cuerpo y dulzor, como en un chili de pavo con boniato y patata. Se dora la carne picada de pavo con cebolla, ajo y guindilla, se añade tomate triturado, comino, pimentón dulce y picante, perejil y pimienta. Después se incorporan dados de boniato y patata, se moja con vino tinto y agua o caldo y se deja cocer a fuego lento hasta que todo quede tierno, jugoso y bien ligado. El resultado es un guiso con un ligero toque picante y un contraste muy agradable entre el dulzor del boniato y la acidez del tomate. También se emplea en recetas tradicionales como el pollo guisado con boniato y champiñones.

2. Guarniciones y snacks crujientes con boniato

Si hay una forma fácil de enganchar a cualquiera al boniato es preparándolo en versión crujiente. Un básico que siempre funciona son las chips de boniato al horno: se corta el boniato en rodajas muy finas, se mezclan con un poco de aceite de oliva y especias (pimentón, comino, ajo en polvo, sal, romero…) y se hornean a 200 ºC unos 20 minutos hasta que estén doradas. Se obtienen unas láminas crujientes, sabrosas y mucho más ligeras que las fritas.

En la misma línea, puedes hacer chips bicolores de patata y boniato al horno. Se cortan ambos en rodajas muy finas con mandolina o cuchillo afilado, se dejan en agua fría para eliminar parte del almidón, se secan bien y se hornean con un hilo de aceite, ajo en polvo, pimentón, pimienta negra y sal gruesa hasta que se tuesten justo lo necesario. Es una guarnición vistosa para acompañar carnes, pescados o hamburguesas caseras.

Para una mesa más contundente, los trozos tipo “cachelos” también dan mucho juego: los boniatos asados con especias y guindilla son perfectos como acompañamiento. Se pelan dos boniatos, se cortan en dados grandes, se mezclan con aceite de oliva, una buena mezcla de especias (por ejemplo, una combinación de hierbas aromáticas, pimentón y algo de picante con cayena o guindilla), se añade un poco de agua a la fuente y se hornea hasta que queden tiernos por dentro y dorados por fuera. Es el típico acompañamiento que compite sin complejos con las patatas asadas de toda la vida.

El boniato también se puede usar en formato chip para completar ensaladas. Una ensalada de hojas verdes con chips de boniato se prepara lavando bien una mezcla de lechugas y canónigos, friendo rodajas finas de boniato hasta que estén crujientes, y combinándolo todo con granos de granada y lascas de un queso curado. Un aliño simple de aceite de oliva virgen extra, vinagre de manzana y sal da el toque final. El contraste entre lo crujiente del boniato, lo jugoso de la granada y lo salado del queso hace que sea una ensalada de otoño-invierno muy resultona.

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3. Platos principales con boniato como protagonista

La gracia del boniato es que no solo funciona como acompañamiento: puede ser la base de platos muy completos. Un ejemplo claro es el boniato asado relleno. Se hornean boniatos enteros hasta que estén tiernos, se abren por la mitad y se rellenan con combinaciones como quinoa cocida y queso, o maíz dulce, alubias negras y queso rallado. Tras un último golpe de horno, se sirven con aguacate fresco o un toque de limón, y tienes un plato único muy nutritivo y saciante. Otra alternativa son recetas como el hojaldre de pollo y boniato.

Siguiendo con recetas de diario, una idea muy práctica es usar el boniato en formato pasta: los gnocchi de boniato. Se mezcla puré de boniato cocido con harina (normal o sin gluten), una yema de huevo, sal y un toque de nuez moscada. Se forman cilindros, se cortan en pequeñas porciones y se cuecen en agua hirviendo hasta que flotan. Se pueden servir con mantequilla y salvia, con una salsa suave de queso o incluso con un salteado de setas.

Si lo tuyo es más la cuchara cremosa, el risotto de boniato con queso curado de cabra es una forma espectacular de lucir este tubérculo. Se cuece o asa el boniato hasta que esté muy tierno, se prepara un sofrito con cebolla dulce y panceta ahumada, se añade arroz arborio o carnaroli y se desglasa con vino blanco. Después se va incorporando caldo caliente poco a poco mientras se remueve, y casi al final se incorpora el boniato chafado para que se funda en el conjunto. Se termina con queso curado de cabra y pimienta negra, y el resultado es un arroz meloso, con un color anaranjado precioso y un sabor intenso. También es habitual encontrarlos en salteados, como el salteado de solomillo con boniato.

Las hamburguesas vegetales de boniato y legumbres también son una excelente idea para introducir este ingrediente en el menú semanal. Se mezcla boniato cocido o asado con alubias negras cocidas y arroz integral, se condimenta con levadura de cerveza en copos, salsa barbacoa, ajo granulado, comino, pimentón y hierbas provenzales, y se ajusta la textura con pan rallado hasta obtener una masa moldeable. Se forman hamburguesas y se cocinan a la plancha con un poco de aceite. Si buscas otra preparación con carne, prueba unas albóndigas en salsa con boniato. Después solo queda montarlas en pan tostado con lechuga, tomate, cebolla roja, aguacate y la salsa que más te guste.

En clave más sofisticada, el boniato combina también con pescado graso como el salmón. Un ejemplo es un lingote de salmón marcado con puré de boniato y mayonesa de wasabi: se sellan los lomos de salmón previamente barnizados con salsa de ostras, se prepara una mayonesa casera a la que se añade wasabi al gusto y se sirve el pescado sobre quenelles de puré de boniato muy cremoso. Es un plato de restaurante, pero relativamente sencillo en su elaboración.

Boniato: 7 ideas dulces y saladas para sacarle partido 4. Recetas ligeras con boniato para diario

Más allá de los platos contundentes, el boniato se adapta sin problema a recetas ligeras pensadas para la cena o para llevar en tupper. Una opción práctica es la tortilla de boniato y espinacas. Se ralla un boniato pequeño, se saltea con un poco de aceite y se añaden espinacas frescas hasta que se ablanden. Se incorporan dos huevos batidos con sal y pimienta y se cuaja la tortilla a fuego medio. Queda jugosa, colorida y muy completa.

Otra propuesta sana es la ensalada templada de boniato y quinoa. Se hornean cubos de boniato con algo de aceite hasta que estén tiernos, se mezclan con quinoa cocida, garbanzos tostados al horno (que aportan un punto crujiente), hojas verdes y una vinagreta de miel y mostaza. Se sirve tibia, con el boniato aún caliente, y se convierte en un plato único muy equilibrado en fibra y proteínas vegetales.

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El boniato incluso puede sustituir a las láminas de pasta en elaboraciones al horno. Una lasaña vegetal con capas de boniato se prepara usando rodajas finas de boniato en lugar de placas de lasaña, intercaladas con verduras salteadas (por ejemplo, calabacín, espinacas, setas, pimiento) y una bechamel ligera. Se corona con queso rallado y se hornea hasta que todo esté bien gratinado. El ligero dulzor del boniato equilibra el sabor de las verduras y la salsa.

Para las ensaladas de invierno, una ensalada templada de boniato, rúcula y queso de cabra es una alternativa estupenda. Se hornean dados de boniato con aceite y romero y, todavía calientes, se mezclan con rúcula fresca, nueces y queso de cabra desmenuzado. Un toque de vinagre balsámico redondea el plato con un contraste entre la temperatura del boniato y la frescura de las hojas.

5. Recetas rápidas para picar y compartir

Cuando te apetece un picoteo distinto, el boniato es un aliado perfecto. Los tacos con boniato asado y aguacate son ideales para una cena informal: se asan cubos de boniato con aceite, pimentón y sal; se colocan en tortillas de maíz con aguacate troceado y cebolla encurtida, y se termina con zumo de limón. Son coloridos, saciantes y están llenos de matices.

Si quieres un toque asiático, las brochetas de boniato glaseado con naranja, miel y miso son una opción estupenda para el horno o la plancha. Se cuecen unos minutos las rodajas de boniato para ablandarlas, se marinan en una mezcla de zumo y ralladura de naranja, miso blanco, miel, salsa de soja, aceite de oliva, salsa Worcestershire, vinagre y una pizca de canela, y después se ensartan en brochetas. Se cocinan a fuego fuerte mientras se pintan con el marinado, hasta que caramelicen y tomen un color dorado espectacular.

Tampoco hay que complicarse demasiado: el boniato frito en rodajas finas, espolvoreado con sal, es un bocado tan sencillo como adictivo. Para que resulte algo más ligero, se puede usar poco aceite y escurrir bien sobre papel absorbente. Acompañando una carne, un pescado o una tabla de quesos, desaparece del plato en cuestión de minutos.

7 ideas dulces con boniato que te sorprenderán

Si en lo salado el boniato ya se luce, en repostería directamente se sale. Su carne dulce y húmeda permite reducir azúcares y grasas añadidas en muchas recetas, y aun así se consiguen postres jugosos, aromáticos y muy saciantes. Desde pasteles especiados hasta brownies o dulces tradicionales, hay opciones para todos los gustos.

1. Bizcochos, brownies y pasteles de boniato

Un imprescindible para los días frescos es el pastel de boniato especiado. Se asan dos boniatos medianos, se trituran y se mezclan con huevos, azúcar moreno, canela, nuez moscada, harina y levadura. Tras pasar por el horno, se obtiene un bizcocho húmedo, muy aromático, que va de lujo con un café o una infusión.

Muy similar, pero con un plus de frutos secos, es el bizcocho de boniato con nueces. Aquí se baten huevos con azúcar, se añaden boniato triturado y aceite suave, se incorporan harina, levadura y nueces troceadas y se hornea hasta que quede esponjoso. El boniato aporta jugosidad, mientras que las nueces proporcionan un crujiente muy agradable.

En un formato más moderno, los brownies de boniato con cacao y dátiles son la opción perfecta para quien busca algo intenso, pero algo más ligero que el brownie clásico. Se cuece el boniato al vapor, se tritura con dátiles Medjool y se mezcla con almendra molida, harina de trigo sarraceno, cacao puro, jarabe de arce y una pizca de sal. La masa se hornea hasta que esté cuajada y, una vez fría, se corta en cuadrados densos y chocolatados, con todo el dulzor procedente del boniato y los dátiles.

Otro enfoque son los brownies de boniato y cacao con harina de avena. En este caso, se usa puré de boniato mezclado con cacao en polvo sin azúcar, harina de avena, sirope de agave o miel, aceite de coco y un poco de impulsor químico. Tras hornear, quedan brownies húmedos, suaves y con un toque saludable que los hace perfectos para un capricho menos pesado.

2. Galletas, bocaditos y dulces de bocado

Cuando apetece algo dulce para acompañar el café, el boniato también se puede convertir en pequeños bocados. Las galletas de boniato y avena se preparan triturando boniato asado y mezclándolo con copos de avena, huevo, miel, canela y esencia de vainilla. Se forman porciones, se aplastan ligeramente y se hornean hasta que se fijen. Al enfriar se endurecen un poco, pero mantienen una textura tierna por dentro y resultan ideales como merienda.

En el terreno de los hojaldres rápidos, unos bocaditos de hojaldre rellenos de dulce de boniato al agua de azahar son una delicia aromática. Se cuece el boniato, se tritura con azúcar, ralladura de limón, ron y agua de azahar hasta obtener un puré espeso y con mucho perfume. Esta crema se reparte sobre una tira de hojaldre, se cubre con otra, se pincela con huevo batido, se espolvorea con azúcar y se hornea hasta que suba y se dore. Después se cortan los bocados y se consumen preferiblemente en el día, para disfrutar del hojaldre en su punto.

Los pasteles de boniato y anís son otro clásico casero muy interesante. Se parte de un puré de boniato azucarado como relleno, y se prepara una masa con aceite, anís dulce, vino blanco dulce, azúcar y harina. Se estira, se cortan círculos, se coloca una cucharadita de relleno en el centro y se cierran dando una forma característica en zigzag. Tras pincelar con huevo y espolvorear azúcar, se hornean hasta que se tornen dorados. Son pequeños pastelitos con sabor tradicional, perfectos para acompañar un café de sobremesa.

Boniato: 7 ideas dulces y saladas para sacarle partido

También merece mención el dulce de boniato caramelizado con canela. Se cortan boniatos en dados pequeños y se cocinan a fuego medio con mantequilla, azúcar moreno y una cantidad generosa de canela hasta que se forme un caramelo espesito que los envuelva. Se pueden comer solos, como si fueran un postre en sí mismos, o utilizarlos para coronar yogures, helados o tostadas dulces.

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3. Panecillos y masas con boniato

El boniato también se integra de maravilla en mezclas de pan y bollería. Un ejemplo sencillo son los panecillos de boniato y miel. Primero se elabora un puré de boniato bien cocido y escurrido, del que se pesa una cantidad concreta para la receta. Ese puré se mezcla con buttermilk (o una mezcla de leche y zumo de limón reposada) y miel, y se integra con harina, impulsor químico, sal y dados de mantequilla fría. Sin necesidad de amasar en exceso, se forman bolitas que se pincelan con mantequilla derretida y se hornean a alta temperatura unos minutos. El resultado son bollitos tiernos, con un ligero sabor dulce y un color anaranjado muy atractivo.

Por otro lado, los bolos do caco o panecillos de batata, típicos de Madeira, se pueden adaptar fácilmente en casa. Se cuece la batata, se mezcla con agua y levadura, se añade harina de fuerza y sal y se amasa hasta obtener una masa uniforme. Tras levar, se divide en porciones, se les da forma y, en lugar de hornear, se cocinan en una sartén o plancha caliente por ambos lados. Quedan panes planos, tiernos y muy aromáticos, estupendos para rellenar o servir como acompañamiento.

4. Postres cremosos, tradicionales y con sabor a hogar

Más allá de bizcochos y galletas, el boniato puede transformarse en postres de cuchara. Una mousse de boniato y cacao es una versión ligera y sin azúcar refinado de las cremas de chocolate habituales: se tritura boniato asado con cacao puro, miel y un chorrito de leche (vegetal o de vaca) hasta obtener una textura lisa. Tras un rato en la nevera, la crema adquiere cuerpo y se convierte en un postre suave y muy agradable.

En el terreno de la repostería festiva, destacan los borrachuelos de batata. Se arranca con un relleno de boniato cocido mezclado con azúcar y canela, que se vuelve a cocinar un poco hasta que espese y se enriquece con yemas de huevo. Para la masa, se combinan vinos blanco dulce y seco, licor de anís, zumo de naranja, aceite de girasol, semillas de sésamo y anís, ralladura de naranja y harina. Con esta masa se forman pequeñas empanadillas rellenas de la crema de batata, que se fríen en abundante aceite y luego se rebozan en azúcar. Son dulces tradicionales, muy aromáticos y con un marcado sabor a hogar.

Si prefieres algo más sencillo y rápido, el boniato caramelizado se puede servir templado con yogur natural, queso fresco batido o incluso una bola de helado de vainilla. El contraste entre el calor del boniato y el frío del lácteo es una auténtica maravilla, especialmente en los meses más fríos.

Con todas estas ideas, el boniato deja de ser ese tubérculo que se comía solo asado y poco más, para pasar a ocupar un lugar destacado en tu recetario. Desde cremas suaves y risottos melosos hasta tacos, hamburguesas vegetales, brownies húmedos o dulces tradicionales, las posibilidades son casi infinitas. Solo necesitas tener unos cuantos boniatos en casa, algo de imaginación y ganas de encender el fuego para descubrir por qué este ingrediente tan humilde se ha ganado a pulso ser uno de los grandes protagonistas de la cocina de otoño e invierno… y de cualquier época del año.

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