Alimentos ricos en hierro y cómo incluirlos en tu dieta

  • El hierro es esencial para transportar oxígeno, producir energía y mantener un sistema inmunitario y cerebral en buen estado.
  • Existen dos tipos de hierro en los alimentos, hemo (animal, de mayor absorción) y no hemo (vegetal, de menor absorción).
  • Las mejores fuentes de hierro incluyen carnes magras, mariscos, legumbres, verduras de hoja verde, frutos secos y cereales enriquecidos.
  • La vitamina C y los ácidos orgánicos mejoran la absorción del hierro, mientras que café, té, lácteos y exceso de fibra pueden dificultarla.

Alimentos ricos en hierro y cómo incluirlos en tu dietaSi últimamente notas que te falta energía, te cansas con cualquier cosa o te cuesta concentrarte, puede que el hierro tenga algo que decir. Este mineral pasa desapercibido muchas veces, pero cuando falta, se nota… y mucho. Lo bueno es que, con una alimentación bien planteada, se puede mejorar bastante la situación.

A lo largo de este artículo vamos a ver cuáles son los alimentos más ricos en hierro y cómo incluirlos en tu dieta diaria, qué tipos de hierro existen, por qué algunas personas tienen más riesgo de déficit y qué combinaciones de alimentos ayudan (o estorban) a la hora de absorberlo. También hablaremos de la anemia ferropénica, de las necesidades según edad y etapa vital y de algunos ejemplos prácticos para organizar tus comidas.

Qué es el hierro y por qué es tan importante

El hierro es un micronutriente esencial que el cuerpo necesita para fabricar hemoglobina y mioglobina. La hemoglobina es la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno desde los pulmones al resto del organismo, mientras que la mioglobina lleva el oxígeno a los músculos para que puedan trabajar correctamente.

Además de esta función clave en el transporte de oxígeno, el hierro participa en reacciones enzimáticas implicadas en la producción de energía, el funcionamiento del sistema inmunitario y la función cerebral. Por eso, una dieta pobre en hierro puede acabar afectando a tu rendimiento físico, a tus defensas y también a tu capacidad de concentración y memoria.

Cuando la ingesta, la absorción o las reservas de hierro son insuficientes durante un tiempo, se puede llegar a una anemia ferropénica, es decir, una reducción de glóbulos rojos sanos por falta de hierro. Esta es, con diferencia, la forma más habitual de anemia en la población general y la que más se relaciona con la alimentación.

Tipos de hierro en los alimentos

Tipos de hierro en los alimentos: hemo y no hemo

El hierro de la dieta no es todo igual. A efectos prácticos, se distinguen dos formas principales: hierro hemo y hierro no hemo, que se absorben de manera muy diferente en el intestino.

El hierro hemo es el que se encuentra en los alimentos de origen animal, especialmente en la carne, el pescado y el marisco. Este tipo de hierro se absorbe muy bien, de forma bastante independiente de otros componentes de la dieta. Por eso, aunque un alimento no tenga una cantidad escandalosa de hierro, si es hierro hemo, el cuerpo lo aprovecha mucho mejor.

El hierro no hemo es el que aparece en los alimentos vegetales: legumbres, cereales, frutos secos, semillas y verduras de hoja verde, entre otros. También está presente en lácteos y huevos. Su absorción es menor y depende bastante del resto de alimentos que acompañan la comida, así como del estado de salud del aparato digestivo.

En dietas mixtas que combinan productos animales y vegetales, suele ser más fácil alcanzar las necesidades de hierro. En el caso de dietas vegetarianas o veganas, también es totalmente posible cubrir los requerimientos, pero conviene afinar bien la planificación, priorizar buenas fuentes vegetales y cuidar mucho las combinaciones con vitamina C y otros factores que mejoran la absorción.

Necesidades diarias de hierro según edad y etapa vital

Las recomendaciones de ingesta de hierro cambian según la edad, el sexo y las circunstancias fisiológicas (embarazo, lactancia, crecimiento rápido, etc.). Los organismos internacionales como la OMS o los institutos de salud establecen valores de referencia aproximados.

En la edad adulta, los hombres suelen necesitar alrededor de 8 mg de hierro al día, mientras que las mujeres en edad fértil suelen requerir unos 18 mg diarios para compensar las pérdidas ligadas a la menstruación. Durante el embarazo las necesidades suben aún más, situándose en torno a 27 mg de hierro al día, dado que aumenta el volumen sanguíneo materno y se necesita hierro adicional para el desarrollo del feto y la placenta.

En la infancia, las recomendaciones varían con el crecimiento: los niños pequeños pueden necesitar en torno a 7 mg diarios, y esta cantidad aumenta a unos 10 mg en edades posteriores, especialmente en momentos de crecimiento acelerado como la adolescencia. En las personas mayores, las necesidades suelen ser algo más bajas, pero hay que vigilar la posible mala absorción intestinal o la presencia de enfermedades crónicas que afecten al hierro.

Las personas que siguen dieta vegetariana o vegana pueden necesitar un aporte algo superior, ya que el hierro que consumen es mayoritariamente no hemo. En estos casos se presta especial atención a sumar varias fuentes vegetales ricas en hierro y a incluir siempre alimentos que potencien su absorción, como los ricos en vitamina C.

Fuentes de hierro en la dieta

Alimentos de origen animal ricos en hierro

Los alimentos de origen animal son la principal fuente de hierro hemo, el que mejor se absorbe. Aunque no sea necesario comerlos a diario, pueden ser muy útiles para prevenir o corregir una anemia ferropénica, especialmente en etapas de mayor demanda.

Carnes rojas y vísceras

La carne de vacuno magra, el cordero o el cerdo aportan entre 2 y 3,6 mg de hierro por cada 100 g cocidos, en forma de hierro hemo de alta biodisponibilidad. Pero si hay un alimento que se lleva la medalla al contenido de hierro es el hígado (sobre todo de ternera o cerdo), que puede rondar los 5,8-13 mg por 100 g, según la fuente.

El hígado y otros órganos (como el riñón) no solo concentran mucho hierro, sino también vitamina A, vitamina B12 y ácido fólico, nutrientes claves para la formación de glóbulos rojos. Por eso se suele recomendar consumirlos de forma ocasional (por ejemplo, cada 15-20 días) dentro de una dieta variada.

En embutidos y productos cárnicos procesados como algunos patés de hígado o jamones curados también se puede encontrar una cantidad notable de hierro, con una absorción muy buena. Sin embargo, conviene no abusar de los productos procesados por su contenido en sal y grasas saturadas, priorizando siempre las carnes magras frescas y preparaciones caseras.

Carnes blancas, aves y otros productos cárnicos

Las carnes blancas como el pollo, el pavo o el conejo contienen algo menos de hierro que la carne roja, pero siguen siendo una fuente interesante. Unos 100 g de pavo, por ejemplo, pueden aportar alrededor de 2 mg de hierro hemo con una absorción muy eficiente.

Estos alimentos suelen encajar bien en dietas en las que se intenta controlar el colesterol o la grasa total, ya que su perfil lipídico suele ser más ligero, sobre todo si se retira la piel y se opta por cortes magros.

Pescados y mariscos de concha

Dentro del mar encontramos algunos de los alimentos con más hierro de toda la tabla. Los mariscos de concha como las almejas, los berberechos, las chirlas y los mejillones pueden alcanzar concentraciones de hierro muy elevadas.

En cifras orientativas, las almejas y berberechos pueden tener del orden de 2-3 mg de hierro por 100 g en algunas tablas, mientras que otras referencias hablan de hasta 24 mg/100 g para determinados moluscos, según la variedad y el método de análisis. Los mejillones suelen situarse entre 3 y 6 mg por 100 g cocidos, con una biodisponibilidad excelente.

Otros mariscos como las gambas, langostinos y camarones rondan los 2 mg de hierro por 100 g, también con una absorción destacable. En pescados como las sardinas, el atún o el salmón se encuentran cantidades más moderadas (en torno a 0,6-2,7 mg por 100 g), pero suman de forma interesante en el conjunto de la dieta.

Una buena estrategia para personas con anemia o riesgo de déficit es incluir mariscos de concha al vapor, en guisos o en conserva (mejillones, almejas, berberechos) de forma regular, combinados con verduras y legumbres para conseguir platos muy densos en hierro.

Alimentos ricos en hierro y cómo incluirlos en tu dietaHuevos y lácteos

El huevo aporta alrededor de 2,2 mg de hierro por 100 g (aproximadamente 0,6 mg por unidad de tamaño medio). Su hierro es principalmente no hemo, con una absorción más modesta, pero sigue siendo un alimento interesante dentro de una dieta equilibrada. Para ideas y recetas puedes consultar qué cocinar cuando solo tienes huevos.

Los lácteos (leche, yogur, quesos) no son una fuente relevante de hierro; de hecho, su contenido en calcio puede interferir con la absorción del hierro de otros alimentos si se consumen en grandes cantidades en la misma comida. Por eso, en dietas para corregir anemia ferropénica suele recomendarse no abusar de lácteos en las comidas principales y dejarlos para otras tomas (desayunos o meriendas), especialmente si se están tomando suplementos de hierro.

Principales fuentes vegetales de hierro

Los alimentos vegetales pueden aportar cantidades muy importantes de hierro, pero como se trata de hierro no hemo, es imprescindible cuidar la forma de consumirlos y con qué se combinan. Aun así, con una buena planificación, una dieta vegetariana o vegana no tiene por qué ser pobre en este mineral.

Legumbres: lentejas, garbanzos, judías y soja

Además de hierro, las legumbres son ricas en proteína vegetal, fibra, hidratos de carbono complejos y otros minerales. La combinación de legumbres con cereales integrales (por ejemplo, lentejas con arroz o garbanzos con cuscús) mejora el perfil de aminoácidos y aporta energía sostenida.

Para favorecer la absorción del hierro de las legumbres es muy útil acompañarlas de alimentos ricos en vitamina C y ácidos orgánicos: un guiso de lentejas con pimiento rojo y tomate, o un plato de garbanzos con una ensalada de cítricos de postre, pueden marcar la diferencia.

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Cereales integrales y derivados

Algunos cereales y pseudocereales como el salvado de avena, el germen de trigo, la quinoa o la avena integral figuran entre los alimentos con mayor contenido de hierro en bruto. Existen tablas que sitúan el salvado de avena en cifras muy altas (del orden de 340 mg/100 g), aunque su absorción es baja debido a la presencia de fitatos y fibra, que se unen al hierro e impiden que se absorba bien. En particular, puedes consultar los beneficios de la avena para incorporarla mejor en desayunos.

Los cereales enriquecidos en hierro (como algunos desayunos infantiles o de adultos) pueden contribuir también al aporte diario, siempre que se integren en un patrón de alimentación saludable y no se abuse de productos azucarados.

En dietas para la anemia se recomienda, en ocasiones, priorizar los cereales integrales en desayunos o meriendas y no tanto en las comidas principales donde se concentran las mayores fuentes de hierro, con el fin de reducir la interferencia de los fitatos en la absorción.

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Verduras de hoja verde y otras hortalizas

Verduras como las espinacas, acelgas, col rizada, kale, coles de hoja y remolacha contienen hierro no hemo en cantidades moderadas (por ejemplo, unos 2,4-3,6 mg/100 g en el caso de las espinacas). Además, aportan folatos, vitamina K y otros antioxidantes muy interesantes.

Conviene recordar que parte del hierro de estas verduras puede verse limitado por la presencia de oxalatos, compuestos que también interfieren en la absorción. Técnicas como el remojo y la cocción pueden ayudar a reducir esta carga. En todo caso, su consumo frecuente dentro de una dieta variada sigue siendo recomendable.

Otras hortalizas como la batata o patata dulce aportan pequeñas cantidades de hierro (alrededor de 0,6 mg por unidad mediana), que suman al total diario. Y, por supuesto, muchas verduras frescas (como pimientos, brócoli o tomates) son muy relevantes no tanto por el hierro que contienen, sino por su contenido en vitamina C y ácidos orgánicos que mejoran la absorción del hierro de otros alimentos.

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Frutos secos, semillas y frutas desecadas

Las semillas oleaginosas, como sésamo, semillas de calabaza o de girasol, también contienen hierro vegetal. Puedes incorporarlas a yogures, ensaladas, cremas o panes caseros. Aportan, además, grasas saludables, fibra y otros minerales.

Las frutas secas y los frutos secos son snacks ideales para quienes necesitan aumentar su ingesta de hierro sin recurrir exclusivamente a productos de origen animal, aunque, de nuevo, conviene vigilar la cantidad total por su densidad calórica.

Anemia ferropénica: causas, síntomas y tratamiento

La anemia ferropénica es la forma de anemia causada por la falta de hierro. Se produce cuando el organismo no dispone de suficiente hierro para fabricar glóbulos rojos sanos en cantidad adecuada. Es la más frecuente a nivel mundial y afecta a todos los grupos de edad, con especial incidencia en mujeres, niños y embarazadas.

Principales causas de la anemia por falta de hierro

Las causas más habituales se pueden agrupar en cuatro bloques: pérdidas de sangre, baja ingesta, mala absorción y aumento de necesidades.

Las pérdidas de sangre pueden deberse a hemorragias agudas o crónicas: menstruaciones abundantes, sangrado digestivo (úlceras, pólipos, tumores), donaciones de sangre frecuentes o intervenciones quirúrgicas, entre otros. Incluso pequeñas pérdidas sostenidas en el tiempo pueden acabar vaciando las reservas de hierro.

La baja ingesta de hierro suele relacionarse con dietas muy desequilibradas, consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y pobres en nutrientes, o dietas vegetarianas/veganas mal planificadas en las que no se presta atención a las fuentes vegetales ricas en hierro y a las combinaciones adecuadas.

La mala absorción intestinal puede aparecer en enfermedades como la celiaquía no tratada, inflamaciones crónicas del intestino, resecciones quirúrgicas de estómago o intestino, o problemas que afecten a la producción de jugos gástricos. En estas situaciones, aunque se consuma suficiente hierro, el organismo no es capaz de aprovecharlo bien.

Por último, en ciertas etapas de la vida se produce un aumento de las necesidades: embarazo, lactancia, infancia, adolescencia o periodos de entrenamiento físico intenso. Si la dieta no se ajusta para cubrir esta demanda extra, se corre el riesgo de agotar las reservas.

Síntomas más frecuentes de la anemia ferropénica

Entre los síntomas que suelen aparecer cuando hay anemia ferropénica destacan el cansancio persistente, debilidad, palidez de piel y mucosas (por ejemplo, en la cara, labios o interior de los párpados), sensación de falta de aire con esfuerzos pequeños, mareos o dolor de cabeza.

También pueden verse afectadas la concentración, la memoria y el rendimiento intelectual, ya que el cerebro necesita un aporte constante de oxígeno. En algunos casos se observa caída de cabello, uñas frágiles, mayor susceptibilidad a infecciones o incluso alteraciones en la temperatura corporal.

En los niños, la falta de hierro prolongada puede interferir en el desarrollo cognitivo y en el rendimiento escolar, por lo que conviene detectarla y abordarla a tiempo. A veces los síntomas son sutiles y se descubren en una analítica rutinaria.

Tratamiento y papel de la dieta

El tratamiento de la anemia ferropénica depende de la causa. En los casos leves o en etapas tempranas, puede ser suficiente con aumentar la ingesta de hierro a través de la alimentación y mejorar las combinaciones de alimentos. En situaciones moderadas o graves, o cuando hay mala absorción, se suele recurrir a suplementos de hierro orales o, en algunos casos, a hierro intravenoso bajo supervisión médica.

Es fundamental no automedicarse: los suplementos de hierro pueden producir efectos secundarios digestivos (molestias gástricas, estreñimiento, náuseas) e incluso llegar a ser tóxicos si se toman en exceso. Además, es crucial identificar y tratar la causa subyacente (hemorragia, enfermedad intestinal, etc.) para evitar recaídas.

La dieta, aun cuando se necesitan suplementos, sigue siendo una pieza clave. Incluir de forma regular alimentos ricos en hierro hemo (carnes magras, mariscos, pescados) y no hemo (legumbres, frutos secos, verduras de hoja verde), junto con alimentos ricos en vitamina C, ayuda a recuperar antes las reservas.

Grupos con mayor riesgo de déficit de hierro

No todo el mundo tiene las mismas probabilidades de sufrir carencias de hierro. Hay grupos poblacionales que, por sus características, resultan más vulnerables y conviene que vigilen especialmente su alimentación y sus analíticas.

Mujeres en edad fértil, embarazo y posparto

Las mujeres en edad fértil pierden hierro cada mes a través de la menstruación, especialmente si es abundante. Esto explica en gran parte que la anemia ferropénica sea más frecuente en mujeres que en hombres. En los embarazos, además, las necesidades se disparan, ya que el hierro debe cubrir tanto al organismo materno como al feto en desarrollo.

Durante la gestación, los profesionales de la salud suelen recomendar reforzar la ingesta de alimentos ricos en hierro (carnes magras, pescados, mariscos bien cocinados, legumbres, frutos secos, semillas, verduras de hoja verde) y, en muchos casos, prescribir suplementos de hierro para prevenir o tratar las carencias.

Tras el parto, pueden persistir pérdidas de sangre y el organismo necesita tiempo para reponer reservas, por lo que también es un periodo en el que hay que cuidar especialmente la alimentación y los controles analíticos.

Alimentos ricos en hierro y cómo incluirlos en tu dietaLactantes, niños y adolescentes

En los primeros meses de vida, los bebés obtienen el hierro principalmente de la leche materna o de las fórmulas infantiles, que suelen estar enriquecidas. A partir de los seis meses, estas fuentes dejan de ser suficientes y es necesario introducir alimentos complementarios ricos en hierro.

Entre las opciones habituales para los más pequeños están los cereales infantiles enriquecidos en hierro, purés de carne (ternera, pollo, pavo), pescados blancos suaves (merluza, lenguado) bien triturados, legumbres pasadas por el pasapurés y verduras cocidas y trituradas.

En la infancia y la adolescencia, etapas de crecimiento rápido, el hierro es vital para el desarrollo físico y cognitivo. Si la dieta es muy desequilibrada, abundante en ultraprocesados y pobre en carnes magras, pescados, huevos, legumbres y verduras, el riesgo de déficit aumenta.

Personas vegetarianas, veganas y deportistas

Quienes siguen una dieta vegetariana o vegana bien planificada pueden alcanzar perfectamente las recomendaciones de hierro, pero necesitan prestar más atención a la combinación de alimentos. Se recomienda que en cada día haya legumbres, cereales integrales, verduras de hoja verde, frutos secos y alimentos ricos en vitamina C para maximizar la absorción.

En el caso de los deportistas, sobre todo de resistencia (corredores, ciclistas, etc.), se suma el factor del mayor gasto energético y las microlesiones musculares, que pueden aumentar las necesidades de hierro. En mujeres deportistas con menstruaciones abundantes, el riesgo de anemia ferropénica se multiplica, de ahí que sea tan importante realizar controles periódicos y ajustar tanto la dieta como, si es necesario, la suplementación.

Combinaciones que mejoran o dificultan la absorción del hierro

No basta con fijarse en cuánto hierro lleva un alimento en la etiqueta o en una tabla: la biodisponibilidad (es decir, la parte que realmente absorbe el cuerpo) puede variar muchísimo según lo que comamos a la vez. Aquí entran en juego factores que favorecen y otros que inhiben la absorción.

Alimentos y nutrientes que potencian la absorción

La estrella indiscutible es la vitamina C (ácido ascórbico). Tomar alimentos ricos en vitamina C junto con fuentes de hierro no hemo aumenta su absorción de forma significativa. Hablamos de cítricos (naranja, mandarina, limón, pomelo), kiwi, fresas, melón, mango, así como verduras como pimiento, brócoli, coliflor, tomate o coles.

Además de la vitamina C, otros ácidos orgánicos como el cítrico (presente en los cítricos), málico (en manzanas y otras frutas), tartárico (en uvas) o láctico (en alimentos fermentados) generan un medio ácido en el estómago que facilita que el hierro se mantenga en forma ferrosa, la más fácilmente absorbible.

Por eso, en la práctica, solemos recomendar que los platos con legumbres o verduras ricas en hierro vegetales se acompañen de fruta fresca de postre, ensaladas con cítricos o un chorrito de zumo de limón o vinagre en el aliño. Son pequeños gestos que marcan diferencia a largo plazo.

Factores que inhiben la absorción del hierro

En el lado opuesto tenemos sustancias que, si se consumen en grandes cantidades junto a las comidas, reducen la absorción del hierro. Entre las más conocidas están los taninos del café, el té y el vino tinto. Estos compuestos se unen al hierro no hemo y dificultan su paso a través de la pared intestinal.

El calcio, presente sobre todo en los lácteos, también puede interferir con la absorción del hierro hemo y no hemo si se ingiere en dosis altas en la misma toma (por ejemplo, un gran vaso de leche justo con una comida rica en hierro). De ahí que, en situaciones de anemia, se recomiende separar los lácteos de las comidas principales con más hierro.

Otros inhibidores importantes son los fitatos y fosfatos de los cereales integrales y de la soja, los oxalatos de algunas verduras de hoja (remolacha, espinacas, acelgas) y la lignina de ciertas semillas y frutas secas. Estos compuestos pueden formar complejos insolubles con el hierro, que se acaban eliminando por las heces.

La fibra, aunque es muy beneficiosa para la salud intestinal, en exceso también puede disminuir algo la absorción. No se trata de evitarla, sino de ser conscientes de que, en un contexto de anemia, conviene no concentrar una enorme cantidad de fibra en la misma comida que los principales alimentos ricos en hierro.

¿Cuándo conviene tomar alimentos ricos en hierro?

Más allá del qué, el cuándo puede marcar diferencias. En general, es buena idea repartir las fuentes de hierro a lo largo del día y asegurarse de que en las comidas principales (sobre todo comida y cena) siempre hay algún alimento con un aporte destacable.

En personas con anemia diagnosticada o con necesidades aumentadas (embarazo, deportistas, adolescentes), suele ser útil que al menos una de las comidas más fuertes incluya una buena fuente de hierro hemo (carne magra, pescado, marisco, huevos) y otra, una combinación potente de legumbres + verduras + vitamina C.

Si estás tomando suplementos de hierro, el profesional que te los haya prescrito te indicará cómo tomarlos, pero en muchos casos se recomienda hacerlo en ayunas o lejos de las comidas con grandes cantidades de lácteos, café o té, para no entorpecer la absorción.

Ejemplos prácticos para incluir más hierro en tu dieta

Organizar el menú semanal con la vista puesta en el hierro no tiene por qué ser complicado. Se trata de combinar con cabeza los distintos grupos de alimentos y repetir algunas ideas básicas que funcionan muy bien.

Ideas para el día a día

En el desayuno, puedes optar por cereales integrales enriquecidos en hierro con fruta rica en vitamina C (por ejemplo, copos de avena con fresas y kiwi) o pan integral con crema de frutos secos (almendra, avellana) y un vaso de zumo de naranja natural. Si tomas café o té, mejor dejarlo para un poco más tarde.

En la comida, un ejemplo de plato muy completo sería un guiso de lentejas con verduras (pimiento, zanahoria, cebolla) acompañado de una ensalada de tomate y pimiento rojo, y una mandarina de postre. Aquí se suman hierro vegetal, vitamina C y ácidos orgánicos.

En otra comida podrías preparar un estofado de ternera magra o un salteado de pollo con verduras, acompañado de una guarnición de quinoa o arroz integral. Como postre, una pieza de fruta fresca o un puñado de frutos rojos para aportar vitamina C.

Para la cena, unos mejillones al vapor con limón, un revuelto de espinacas con huevo o un plato de garbanzos con espinacas y pimentón son opciones estupendas para terminar el día sumando hierro. Añadir un chorrito de limón o vinagre al final de la cocción ayuda aún más.

Opciones sin carne ni colesterol elevado

Si buscas alternativas de alimentos ricos en hierro sin un gran aporte de colesterol, puedes centrarte en legumbres (ensaladas de garbanzos con verduras, cremas de lentejas sin embutidos), verduras de hoja verde (crema de espinacas, salteados de acelgas con ajo) y cereales integrales como la quinoa.

Las combinaciones de legumbres con cereales y verduras (arroz con judías, hummus con pan integral y ensalada, ensalada templada de quinoa con lentejas y pimiento) son especialmente interesantes para personas que no consumen carne o que la toman de forma esporádica.

Cuándo plantearse suplementos de hierro

En algunos casos, la dieta, por sí sola, no es suficiente para remontar una anemia ferropénica o para cubrir las necesidades de hierro: es entonces cuando se valoran los suplementos. Sin embargo, no se deben tomar a la ligera ni por cuenta propia.

El exceso de hierro no es inocuo: puede provocar molestias gastrointestinales (estreñimiento, dolor abdominal, náuseas, vómitos) y, en situaciones extremas, causar daños en órganos como el hígado o el páncreas. Además, hay enfermedades genéticas (como la hemocromatosis) en las que el organismo ya acumula demasiado hierro.

Por eso, si sospechas que puedes tener déficit de hierro (cansancio persistente, palidez, dificultad para respirar con poco esfuerzo, etc.), lo recomendable es acudir a un profesional de la salud, realizar una analítica completa (hemograma, ferritina, hierro sérico…) y, a partir de ahí, decidir la estrategia más adecuada: cambios dietéticos, suplementos o estudio de causas subyacentes.

Integrar de forma consciente alimentos ricos en hierro y buenas combinaciones que potencien su absorción es una de las mejores inversiones que puedes hacer por tu energía diaria, tu rendimiento físico y mental y tus defensas. Tanto si comes de todo como si sigues una alimentación vegetariana o vegana, con una planificación adecuada y, cuando hace falta, el apoyo de un profesional, es posible mantener unos niveles de hierro saludables y evitar que la falta de este mineral te frene en tu día a día.

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